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100 años del nacimiento de J.L. Mankiewicz: el director y los Oscars (VI)


Cleopatra: cómo convertir una superproducción de encargo en una película de autor

(Todos sus premios)

J.L. Mankiewicz recibió el encargo de dirigir Cleopatra después del despido de Mamoulian, con la responsabilidad de hacerse cargo de la película más cara de la historia antes de empezar a rodarla. Pero si la película se caracteriza por algo, es por el sello que le puso el director. La fluidez y originalidad de los diálogos, las elipsis a través de la voz en off, los cuadros que se convierten en imagen, la importancia de la mujer, el plan de Cleopatra, la cuidadísima puesta en escena... Mankiewicz consideraba que al quitar tantas escenas del primer montaje, la película no era tan suya. Es posible, pero las elipsis que se producen en algunos puntos, enriquecen aún más a la película. Para la memoria quedan muchas cosas, como todos los decorados que se construyeron y que nos trasladan de una forma magistral al Antiguo Egipto. Como ejemplo, de todo el montante que rodea a Cleopatra, las escena en la que quedan mejor resumidos los Oscars a las categorías técnicas que recibió, es la de la entrada de Cleopatra como mujer del César. Decorado, fotografía, figurantes, vestuario... Todo el lujo y el montante económico están resumidos en esta escena.

Cleopatra es una mujer bella, seductora, inteligente, calculadora y caprichosa. Precisamente, unos rasgos que muy bien definían a Elizabeth Taylor. Ella, es la serpiente del Nilo, una poderosa reina. Cleopatra traza un plan para seducir al César romano, casarse con él y tener un hijo en común, para legitimar el enlace. El poder y la fortuna es su razón de ser, y siempre consigue que todos estén a sus pies. Pero, a la muerte del César, su posición peligra.
Una muerte ya mostrada en el cine por Mankiewicz, con su Julio César. Pero la forma en que la vuelve a narrar es extraordinaria. Todo lo vemos a través de los ojos de Cleopatra. Ojos que ya vigilaron al César, ojos que están controlando todo lo que ocurre en Roma, aunque no esté presente. Esa especie de ensoñación, sirve para mostrarnos la muerte de una forma muy similar a la ya citada Julio César. Sus hombres se revelarán contra él por la ambición y el poder, bajo la estatua de Pompeya. Incluso la escalinata del funeral es muy similar a aquella por la agitaba a las masas Marlon Brando. El César será incinerado, Cleopatra nunca podrá morir así. Ella tendrá que morir con toda su riqueza, como bien se extrae de sus palabras.
Hay un nuevo César, y viendo que Roma depende de Egipto para conseguir oro y algunas mercancías, sabe que no puede estar del todo tranquila. Así, se enamora de Marco Antonio, fiel mano derecha de su ex-marido. La pasión entre Taylor y Richard Burton es una prolongación de la que tenían en la realidad. Por ello, el fervor con el que se miran, humaniza mucho más a ambos personajes. Pero Cleopatra siempre sabe que necesita y cómo ha de actuar para superar los problemas que se le plantean en esta relación. Es una encantadora, sacrificará vidas por mantener su imperio y controlará siempre sus impulsos. Al final, cuando no tendrá más salida, no se dejará amilanar por los romanos. Ella es una reina, una dictadora y la jefa de un Imperio. Por ello, no va a rendirse ante nadie. La metáfora final con la imagen de la serpiente le define. Ella ha puesto el veneno desde el primer momento en la película, y ese mismo líquido le ha hecho hacer lo correcto, como dice una de sus criadas. Era la serpiente del Nilo, la víbora del Antiguo Egipto.

100 años del nacimiento de Mankiewicz: el director y los Oscars (V)


La producción de Cleopatra: los números rojos acecharon a la Fox y a la salud de Mankiewicz


Cleopatra sigue siendo hoy en día la película más cara de la historia. La verdad es que su rodaje se ha convertido en uno de los más famosos de la historia, ya que numerosas incidencias hicieron que fuera un milagro el realizar la película. Pero vayamos por partes.

La Fox intuía que Cleopatra se podía convertir en un gran éxito, ya que en 1960 el cine de época estaba en pleno auge. Así, que buscaron a un productor para abordar una superproducción. El elegido fue Walter Wanger, que había ganado un Oscar por Juana de Arco y siempre había soñado con producir esta historia. Una vez aceptado el cargo, un buen día volvió a casa y se encontró a su mujer acostándose con su agente, por lo que no dudó en coger una pistola y disparar a los testículos del amante de su mujer. Tuvo que cumplir una condena por intento de asesinato de varios meses. Pero la Fox no encontró nuevos productores, así que se esperó a que Wanger saliera de prisión. Una vez se puso al mando del proyecto, se dio cuenta de que no era la película que siempre había querido dirigir. Así que se decidió por contratar a actores de renombre y hacer grandes decorados.

El poder de Liz Taylor
La actriz que eligió para el rodaje fue Elizabeth Taylor. No obstante, la actriz no quería el papel, así que cuando recibió la propuesta, hizo una oferta imposible: no rodar en Estados Unidos, cobrar un millón de dólares, que se contratara a su marido (Eddie Fisher), rodar con un tipo de objetivos concretos... La sorpresa fue que Wanger después de escuchar sus deseos le dijo que estaba hecho.

El reparto se completó con Peter Finch, Stephen Boyd y Keith Baxter. Para dirigir el film se pensó en Rouben Mamoulian. El equipo se desplazó a Londres y se construyeron todos los decorados. La sorpresa para el director, fue que el guión no estaba adaptado. No había diálogos en todo el guión, era una película muda. Entonces se decidió contratar a Nunnally Johnson, que era uno de los guionistas más importantes de Hollywood. Pero esta decisión no se le consultó al director, que cuando vio al guionista en Londres, no quiso saber nada de él. Así, Johnson se marchó, pero antes cobró los 140000 dólares del contrato.


A finales de los 60, parecía que todo estaba previsto para comenzar a rodar, pero una inoportuna neomonía dejó a Liz Taylor en un hospital. El rodaje no podía comenzar sin la actriz. Pero mientras se le esperaba, la lluvia fue destruyendo alguno de los decorados, que tuvo que volver a rehacerse.

En enero del 61, Elizabeth Taylor se recuperó y, por fin, podía iniciarse el rodaje. No obstante, las primeras chispas entre la actriz y el director saltaron enseguida. El conflicto deparó en un todo o nada. La actriz se negó a aparecer hasta que se despidiera al director, y éste quería que se cambiara de actriz. Liz Taylor venció y propuso como nuevo director a Mankiewicz, con el que venía de trabajar en De repente el último verano.

Mankiewicz al mando

La primera decisión de Mankiewicz fue que se abandonara Londres. Era lo más lógico. El Sol de Egipto era difícil encontrarlo en la capital del Reino Unido. Así, como no se podía volver a Estados Unidos, todo el equipo se desplazó a los estudios de Cineccità, en Italia. Después, se cambiaron a los actores: Rex Harrison y Richard Burton eran los nuevos protagonistas. Otros pasos importantes, fueron la reconstrucción de todos los decorados y la reelaboración del guión. Como también se puede deducir de esto, el rodaje se volvió a retrasar. A pesar de retraso, a Mankiewicz no le dio tiempo a reelaborar todo el guión, por lo que como no había tiempo que perder, se optó por escribir y rodar sobre la marcha.

(Trailer de Cleopatra, en inglés)
Los productores de la Fox empezaron a presionar, ya que en esos momentos, Cleopata ya era la película más cara de la historia hasta entonces, y no se había rodado ni una escena. Esto, unido a la huelga de figurantes femeninas, que protestaron porque los italianos les acosaban al ir muy descubiertas, propició otro retraso.

Cuando las cosas se estabilizaron y todo parecía que sería normal, saltó la bomba. Elisabeth Taylor y Richard Burton se liaron. Lo que convirtió el estudio en una constante plaga de paparazzis. Además, los dos actores empezaron una guerra, y se hacían la vida imposible. Es decir, Burton se tiró a la bebida, Taylor había días que no aparecía, no interpretaban bien sus personajes... La prensa empezó a atacar a la actriz e, incluso el Vaticano elaboró un comunicado en el que se decía que todo buen católico no podía ver sus películas porque era inmoral. La Fox temblaba, porque la película podía convertirse en una bomba, pero la gente adoraba a Elisabeth Taylor.

Cuando quedaba poco para acabar con el rodaje, se le pidieron las cuentas a Wanger, que éste intentó falsificar. La productora lo descubrió y decidió despedirlo. Él no se quería ir, porque Cleopatra era su sueño, por lo que se pagó el resto de la estancia.







La postproducción

Zanuck, presidente de la 20th Century Fox, pidió un millón de dólares para acabar el rodaje de El día más largo, pero la compañía se lo negó porque todo el presupuesto iba destinado a Cleopatra. Entonces, exigió a Mankiewicz que acabara el rodaje de inmediato. Cuando Zanuck pudo estrenar El día más largo, consiguió dinero para poder retrasar el estreno de Cleopatra.

Mankiewicz quería hacer dos películas de tres horas de duración cada una. La primera sería César y Cleopatra y la segunda Marco Antonio y Cleopatra. Zanuck se negó, ya que la relación entre Taylor y Burton estaba en plena efervescencia, por lo que retrasar la película en la que aparecía el actor era inviable. Mankiewicz hizo caso y montó una sóla película, que duraba seis horas y media. Evidentemente, lo que hizo fue pegar las dos. Zanuck furioso le despidió y dijo que él mismo acabaría el montaje. A los dos días no tuvo más remedio que volver a contratarlo. La primera reducción de la cinta, dejó a la película en cinco horas. Aún seguía siendo demasiado larga. Desde ese momento, el director supo que la película no iba a ser lo que el quería, y tuvo que dejarla en cuatro horas.
Por fin, en junio de 1963, se estrenó la película, que fue un éxito en taquilla. Pero el éxito tuvo una recaudación de 14 millones de dólares el pimer año, por los 44 que costó en total.
Concluyendo, la 20th Century Fox tuvo que producir películas de serie B en los siguientes años para poder subsistir, hasta el éxito de Sonrisas y lágrimas. Pero peor le fue a Mankiewicz, que ya acabó el rodaje fue castigado y recurriendo al uso de drogas para calmar sus ataques de nervios, ya que se pasó cinco años sin dirigir ninguna película más.

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